CAPITULO I
Para la inmensa mayoría de la gente, el Cristianismo hoy día, no es mas que otra de las grandes religiones que hay en el mundo, en la que cada una tiene su propia filosofía de la vida, sus creencias, sus tradiciones sus fiestas y su forma particular de concebir y de halagar a su divinidad o sus divinidades. Este es el concepto y la ubicación del Cristianismo en el mundo de hoy: Una religión que al igual que el Budismo o el Islamismo o el Judaísmo, cuentan con adeptos que le son fieles más bien por la costumbre o por la tradición nacional o por la herencia familiar, que por la convicción razonada de sus doctrinas. Pero aunque toda la humanidad vea al Cristianismo como una religión y la conceptúe como tal, ya que sus propios dirigentes le han dado esta fisonomía, la verdad es que según la Biblia, este Cristianismo moderno, dista mucho, pero mucho de parecerse al cristianismo que Jesús de Nazaret, fundó hace poco mas de dos mil años en la tierra de Palestina
La religión que hoy se le llama Cristianismo, no es en realidad el Cristianismo original, sino que es más bien un sincretismo de varias religiones y filosofías que ha dado como resultado un gran abanico de creencias que resultan “ad-hoc” para el gusto de cada persona. Por eso vemos que en el cristianismo actual hay católicos, protestantes, evangélicos, testigos, mormones y mil sectas mas, las cuales todas se disputan el derecho de ser los portadores de la “verdad” cayendo en un antagonismo canibalesco. Sin embargo todos estos cristianos tienen algo en común: que están totalmente ajenos a los propósitos, objetivos métodos y prácticas que Jesús estableció para lo que sería no una religión sino un Movimiento Revolucionario de lucha por la liberación del hombre y por la salvación de su alma. Jesús fue muy claro al definir la razón de su venida a este mundo, El nunca dijo que venía a enseñarnos una nueva religión, refiriéndose a si mismo dijo: Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.(Luc.19:10) . Jesús vino a darle continuidad al plan eterno de Dios de la lucha del bien contra el mal, El no vino a traer paz a la tierra como muchas gentes creen, El vino a traer la guerra, la lucha contra el Príncipe de este Mundo, contra Satanás y contra todas sus huestes espirituales de maldad, para liberar las almas de los hombres que están cautivas bajo la esclavitud satánica.
La revolución que Jesús trajo con su venida a este mundo no fue una revolución exterior que modificara el ambiente social o las situaciones económicas o políticas, sino una revolución interior en la vida de los hombres, un cambio que transformaría al hombre, de ser solamente un animal que nace y que vive unicamente para sobrevivir y que muere sin pena ni gloria, en un nuevo ser que trascendería de la simple vida material a un plano superior, a una vida espiritual con un propósito definido en la vida y con una perspectiva de trascendencia eterna. Esta es la revolución que Jesús trajo a la vida de los hombres: Un cambio de razón de ser, un cambio de objetivos, un cambio de mente, un cambio de pensamientos, un cambio de costumbres. En fin el propósito de esta revolución es hacer morir al viejo hombre que vive en nosotros y que está viciado en el engaño y las mentiras de Satanás, para que nazca en nosotros un nuevo hombre dotado con la capacidad de poder servir a Dios en sus planes y vivir en una íntima comunión con El. El apóstol Pablo les escribe a los cristianos de la ciudad de Efeso y les dice: ( Efesios 4:22-24). “ En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad.”
Jesús, refiriéndose al motivo de su misión, también dijo: No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz sino espada.(Mat.10:34). El Cristianismo de Cristo, el verdadero, no es una religión contemplativa y mística llena de ritos , liturgias, fiestas y cantos, no, el Cristianismo de Cristo es guerra, luchas, batallas, donde hay dolor y lágrimas cuando es uno vencido por el mal, y gozo y alegría en la victoria, cuando el bien triunfa en nuestras vidas, donde hay que vivir en alerta velando y orando por que el enemigo, el diablo, nunca duerme, porque él si sabe que está en guerra y que esta guerra no tiene treguas ni días de descanso. Este es el cristianismo de Cristo, una vida de tiempos de guerra, en alerta continua. Nos dice la Palabra de Dios: Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.(1ª Ped.5:8). También se nos dice : Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las acechanzas del diablo. Por que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo estar firmes. ( Ef. 6:11-13).
Jesucristo vino a este mundo a luchar contra el diablo y a liberar a los hombres de su infame señorío al que los tiene sumidos en el pecado. Leemos en 1ª Juan 3: 8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Jesús dejo claramente establecido que todos los hombres que nacen en este mundo son esclavos del pecado sin excepción, y no solo eso sino que también todos los hombres tienen una paternidad satánica que en forma natural los induce al pecado ( S. Juan 8: 31-44 ). En este pasaje del Evangelio de Juan, Jesús deja en claro que ningún hombre tiene la capacidad para poder liberarse por sí mismo de la esclavitud del pecado, ya que Satanás que es el autor del pecado y es un ser espiritual superior al hombre en poder, por lo cual se hace necesario que venga alguien que sea más poderoso para libertarlo . Leemos en Juan 8: 36. Así que, si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres.
Dios establece que esta lucha por la liberación del hombre sea hecha por un hombre, no por ángeles, ni arcángeles ni querubines, sino por un nuevo Adán que va a venir a este mundo. Este nuevo Adán es su Divino Hijo que habrá de despojarse de toda su gloria y majestad ( Fil. 2:5-8) y nacer de mujer como nacen los hombres y vivir en este mundo sujeto a toda clase de tentaciones, pero siendo durante toda su vida fortalecido, guiado y protegido por el Espíritu Santo de Dios contra el cual el diablo no tiene ningún poder. Jesús es Dios pero vino a este mundo como hombre ( dentro del espacio y el tiempo) a iniciar una Revolución, un movimiento de liberación y salvación de las almas que viven en las tinieblas del pecado. Jesús durante su vida en la tierra, vivió una vida santa sin pecado (Heb. 4:15), para poder así representar a toda la raza humana delante de Dios su Padre y pagar con su muerte el precio del pecado de todos los hombres, para que así fuera posible la salvación de las almas de todos aquellos que creyendo que El era su libertador y su salvador vivieran una vida de servicio a su Causa sujetos a su voluntad obedeciéndole en todo. Aunque el ministerio terrenal de Cristo terminó en la Cruz, el Movimiento Revolucionario que El había iniciado continuaría a través de las edades, liderado por hombres, como aquellos primeros apóstoles que habiéndole entregado sus vidas fueron hechos nuevos hombres y siguieron sus instrucciones y sus enseñanzas sin cambiar ni modificar los principios y fundamentos que El dejo establecidos.
Satanás sabía que este Movimiento de Liberación del hombre, era el principio del fin de su reino en este mundo y que el proceso que habría de llevarlo a juicio se había puesto en marcha. ( 2ª Ped. 2:-4). Satanás sabía también que Jesús era el Hijo de Dios, pero que por el momento era hombre y que podía ser vulnerable al pecado y a la muerte, así que desde que Jesús nació en Belén buscó la manera de destruirlo incitando a Herodes a llevar a cabo aquella infame matanza de niños. ( Mat.2:13). Después en varias ocasiones incitó a los judíos a que se volvieran contra Jesús con la intención de matarlo. (Juan 8:59- Luc.4:29-30). Como todos estos intentos de acabar prematuramente con la vida de Jesús fueron inútiles, Satanás percibe que su reino ha sido invadido y como rebelde consumado que es, no se va a dejar vencer fácilmente y así se dispone a la lucha usando todos sus ejércitos, todas sus armas de engaño y de mentira y de toda clase de maldades para engañar y confundir a los hombres con el fin de que no le crean a Cristo ni se unan a su causa. ( Ef. 6: 11- 13). Cuando Jesús inició su Movimiento Revolucionario, había vivido en Nazaret con sus padres terrenales José y María y sus hermanos y hermanas, era conocido en su pueblo como cualquier otro hombre y era nombrado como el carpintero. Así pues, en esta condición humana fue que Jesús empezó la misión que se le había encomendado aquí en la tierra, “Tomando forma de siervo”, sujeto a un amo y señor: su Padre. No haciendo nada por sí mismo, sino que todas sus acciones deberían estar controladas y dirigidas por el Espíritu Santo. El trabajo que Jesús iba a llevar a cabo, era demasiado delicado y peligroso, por lo que debía mantener una comunión constante con su Señor y Padre y en una obediencia absoluta a la guía y dirección del Espíritu Santo. A lo largo de su ministerio terrenal Jesús frecuentemente diría: “No puede el Hijo hacer nada por si mismo”.(S.Juán 5:19). “No puedo yo hacer nada por mi mismo; según oigo así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”( S.Juán 5:30). “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (S.Juán 6:38).
Esta enseñanza de la sujeción de Cristo-hombre, a la voluntad superior de su Padre, es sin duda la base y fortaleza de todo el Movimiento de Revolución Espiritual que Jesús trajo a la tierra. En la lucha que los hombres seguidores de Jesús habrían de llevar a cabo después de El, este ejemplo de sujeción y de obediencia a la voluntad de Dios sería la regla a seguir, ya que su lucha no era una guerra entre humanos con rifles y cañones, sino una guerra contra espíritus mucho muy superiores a ellos, que usarían no balas de plomo para destruirlos, sino balas de mentiras, de engaños, de orgullo de soberbia y toda clase de sutilezas que están muy por encima de la capacidad del intelecto humano, con las cuales, los engañarían sin que se dieran cuenta, haciéndoles errar el camino hasta nulificarlos completamente, convirtiéndolos de apasionados guerreros, en mansos e inofensivos corderitos sentados cada domingo en la banca de un templo de cualquiera religión, cantando y oyendo a alguien que habla muy bonito, pero que quien sabe lo que dice, y todos felices y contentos creyendo que son fieles soldados de Cristo, pero en tiempo de paz. Esto último no se dice con el propósito de hacer una crítica cruel contra las religiones, se dice porque es la realidad del cristianismo en cualquier país del mundo, en los que no se ve que los cristianos sean la luz del mundo ( Mat.5:14), ni las antorchas encendidas que resplandecen como luminarias en el mundo, en medio de esta generación maligna y perversa ( Fil. 2:15), donde tampoco se ve que los cristianos sean ejemplos ni de amor, ni de misericordia, ni de bondad, ni de humildad ni mansedumbre. Esta realidad del cristianismo de hoy se debe básicamente a que los cristianos nos olvidamos que la vida cristiana era una Revolución, una guerra, una vida de lucha guiada por el Espíritu Santo y una vida de contante comunión con Dios, “Por que todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Rom.8:14).
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