lunes, 20 de diciembre de 2010

JESUCRISTO EL REVOLUCIONARIO por Abraham Bereshit

                          CAPITULO IV      
           DOCTRINA DE LA REVOLUCIÓN
   

La primera parte de la obra revolucionaria de Jesús se había logrado exitosamente. Ya era conocido y la gente lo veía como un líder poderoso y confiable. Ahora empezaba el trabajo de reclutamiento de hombres y mujeres que pusieran su fe en Él y que estuvieran dispuestos a entregar sus vidas a esta causa. Del grupo de discípulos que ya le seguían, seleccionó a doce hombres, para formar con ellos la primera célula revolucionaria que era la parte visible del Reino de los Cielos aquí en la tierra, era la Iglesia naciente, (Iglesia viene de  Ekklesia que en el idioma griego  quiere decir: “los llamados fuera de”). En este sentido la Iglesia estaría formada por gentes que serian apartadas del mundo para entregar sus vidas a esta causa.   A  esta primera iglesia, a estos doce, Jesús habría de adiestrarlos y capacitarlos para que fueran los precursores de esta revolución espiritual. Jesús trabajaría con ellos hasta imprimir en sus corazones todos los principios básicos de esta Revolución, para que estos principios fueran inamovibles contra toda la tergiversación de conceptos y de principios con que Satanás buscaría en el futuro confundir a la Iglesia.     

El principio fundamental de ésta revolución tiene como base una fe total en la divinidad de Jesucristo. Jesús ya era conocido y era famoso, pero eso no bastaba, Jesús no solo demandaba ser conocido sino ser reconocido como el Hijo de Dios, como Dios mismo. Jesús quería que sus seguidores vieran en el no solo a un gran líder, sino a alguien en quien pudieran tener una fe ciega, que lo vieran como el Todopoderoso como a Dios mismo, ya que lo que El demandaría de ellos serian cosas tan grandes y tan difíciles, que solo creyendo que era Dios mismo quien las pedía, seria posible que las llevaran a cabo. Jesús sabia que en estos primeros seguidores todavía no había una fe tan grande para verlo como Dios. Había que trabajar en ello. Jesús lleva a estos primero seguidores al mar en una barca y provoca una gran tempestad mientras él duerme, los discípulos muy asustados lo despiertan con estas palabras: “! Señor, sálvanos, que perecemos!. El les dijo: ¿Por qué teméis hombres de poca fe?. La Biblia nos dice que Jesús reprendió, esto es regaño, a los vientos y al mar con una autoridad que solo Dios puede tener. Allí ellos comenzaron a creer que Jesús era Dios. Este  principio: Creer en la divinidad de Jesús era  fundamental para poder ser participante de esta revolución.  Quien se acerca a Jesucristo para seguirlo debe de creer que es Dios,  que es el Todopoderoso, que es Infalible, y que es la Verdad, la única verdad. Solo teniendo esta convicción en la deidad de Jesús, es que se podrá dará en el discípulo una obediencia  confiada, aún a cosas nuevas que  su mente al principio tal vez aún no alcance a comprender. Sin esta convicción jamás se podrá llevarse a cabo la revolución espiritual en la vida de nadie.                        

Sobre la base de una fe total en su persona, es como Jesús comenzó a enseñar a estos doce los fundamentos de la doctrina de la Revolución Espiritual. Jesús empieza enseñándoles que todos  los seres humanos que vienen a  este mundo nacen en pecado, esto es que para Dios  aunque carnalmente están vivos, espiritualmente están muertos, o sea que son seres solamente carnales, seres sin espíritu y que por esta razón     nunca podrán llegar a tener ningún tipo de relación con Dios ya que siendo únicamente carnales la relación con un  Dios que es Espíritu, se hace completamente imposible. Por lo tanto se hace necesario que en la vida de todo ser humano que viene a este mundo se opere un cambio interno que lo transforme de un ser una persona carnal, en una persona espiritual que pueda acercarse libremente a Dios para participar de los planes de Dios y hacerse acreedor de su favor. Jesús les enseñó que  esta transformación  era precisamente el objetivo de esta Revolución que él estaba iniciando, y que para que esto fuera posible, él debería vivir una vida santa, sin pecado, que fuera agradable a Dios, para después pagar ante Dios la culpa y el precio del pecado  muriendo en una cruz por el pecado de toda la raza humana, abriendo así una amnistía de perdón de parte de Dios para  que todos los hombres que se unieran con fe y de todo corazón a su causa , iniciando asi una nueva vida en el espíritu. Jesús  también les enseño a estos doce que  ningún ser humano por sabio o justo que fuera tenía la capacidad de llevar a cabo por si mismo la transformación de su naturaleza carnal en una naturaleza espiritual.

JESUCRISTO EL REVOLUCIONARIO por Abraham Bereshit

                            CAPITULO III                                                                                                    
                   EMPIEZA LA REVOLUCIÓN


Después de este  memorable encuentro en el desierto, entre Jesús y Satanás, quedo perfectamente claro que Jesús venía a este mundo a invadir un territorio en el cual Satanás era dueño y señor, con el fin de rescatar a los seres humanos que él tiene esclavizados y que viven bajo su voluntad.“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. (Lc.19:10).

La guerra había quedado declarada, el botín eran las almas de los hombres, y claramente había quedado evidenciado que estas almas serían ganadas a sangre y fuego, no había habido acuerdos. Con el mal no hay acuerdos. De aquí en adelante,  Jesús iniciará en este mundo un Movimiento Revolucionario de rebelión contra el diablo quién será el adversario no solo de Jesús sino de todos aquellos que se unan a su Movimiento. Jesús luchará  por salvar el alma de cada hombre  anunciando el Evangelio de la salvación, trayendo a sus vidas la luz y la verdad para que cada uno encuentre el camino hacia Dios, pero no forzará la voluntad de nadie para que tome este camino, cada hombre será responsable de su destino eterno, este mensaje será  para el que lo crea y además lo quiera. El llamado de Jesús siempre será: “Si alguno QUIERE venir en pos de mí…”(Mr.8:34).  Satanás por su parte luchará por retener las almas de los hombres dentro de su redil, y no dejara que ninguna se le escape. El diablo trabajará pervirtiendo el mensaje de Cristo para crear confusión engañando a las gentes, agregándole al evangelio de Cristo cosas que el Señor nunca mando y que no son verdad, y quitándole las que si son verdaderas. Esta lucha se extenderá y durará a través de los siglos hasta el día que Dios determine el fin de este mundo.     

Jesús inicia su Revolución con este mensaje: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Jesús   anuncia a todo el mundo que el Reino de los Cielos, que el Reino Espiritual de Dios ha venido a los hombres. Que el Reino viene con El,  que  El es el Rey y que viene a establecer este Reino aquí en la tierra. Jesús lanza una invitación a todos los hombres que están anhelando un cambio en sus vidas, para que se unan a El y que se hagan participantes y miembros de su Reino. Este Reino Espiritual se va a establecer con los hombres y las mujeres que respondan a su llamado. Con ellos formara su iglesia que es la parte visible de este Reino espiritual que no tendrá templos ni sinagogas, sino solamente hombres que habiendo dedicado sus vidas al servicio de Dios, serán cada uno en si mismos un templo en el que vivirá Dios en Espíritu.

Jesús es un desconocido al iniciar esta Revolución, solo en su pueblo Nazaret es conocido como el carpintero. Jesús sabe que para poder reclutar hombres para su causa, la gente necesita ver en él un líder carismático y poderoso, no solo en la palabra, sino también en los hechos. Jesús sale a la guerra y establece su cuartel en Capernaum una ciudad ubicada a orillas del Mar de Galilea, y lleno del Espíritu Santo comienza a mostrarse a las gentes como un ser enviado del cielo lleno de poder sobre los demonios, sobre los elementos y sobre las enfermedades. Jesús  inicia su obra diciendo: “ El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed en el evangelio”  (Mr.1:15). “Y recorrió Jesús toda Galilea enseñando en las sinagogas  de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo, y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos y los sanó. Y  lo siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán”. (Mat.4:23-25). La fama de Jesús iba en aumento cada día y muchos se le fueron acercando  no solo para ser sanados sino también para ser enseñados por él , convirtiéndose  éstos en sus primeros discípulos de entre los cuales mas adelante  haría una selección para sacar de entre ellos a los que habrían de ser los Generales de esta Revolución.

 El pueblo de Israel vivía esperando al Mesías a ese gran Rey y profeta que había de venir para liberar al pueblo.  Pero la expectativa de los judíos  era la de un Rey fuerte y poderoso, que en el plano material fuera capaz de derrotar a cualquier ejército, pero nunca imaginaron que ese gran rey y profeta, ese Mesías ese Cristo prometido vendría en el plano espiritual para liberarlos sí, pero no de la esclavitud que estaban sufriendo de parte de los romanos, sino de la esclavitud espiritual que  siempre padecieron por parte del mal, del pecado y de Satanás. Por eso es que no pudieron ver en Jesús el cumplimiento de esa promesa,  por eso no pudieron ver en Jesús al Redentor de sus almas. Sino  por el contrario  azuzados por Satanás, levantaron una fuerte campaña de oposición contra Jesús y sus seguidores. Para las clases poderosas que había en Israel en esa época, ( Fariseos y Saduceos), Jesús era una amenaza a su estabilidad. Para los pobres era una esperanza en su desgracia. Pero la Revolución espiritual iba ganando terreno, grandes multitudes seguían a Jesús, la mayoría atraída por  sus poderes milagrosos, pero otros pocos si comenzaban a ver en él al Mesías prometido. Los Fariseos cavilaban entre si diciendo: ¿ quien es este hombre?, pues nadie puede hacer las señales que él hace si no está Dios con él. Y los pobres que le seguían también se preguntaban: ¿Qué hombre es éste que los vientos y el mar le obedecen? . Jesús había comenzado la Revolución espiritual en los corazones de las gentes. 

La obra que Dios el Padre le había encomendado a su Hijo estaba en progreso, la primera parte se había cumplido, Jesús se había dado a conocer como un ser sumamente poderoso a quién ni los elementos, ni las enfermedades, ni los demonios  podían resistirse a la  voz de su mandato. El pueblo de Israel lo veía con gran expectación pensando que sin duda era un gran profeta como uno de aquellos que solo conocían en sus libros históricos, ya que en los últimos cuatrocientos años la voz profética no se había escuchado en Israel. Veían a Jesús y lo comparaban quizá con el gran Elías o con Eliseo, pero su incredulidad, aunada a su ignorancia no les permitía ver en Jesús al Cristo esperado, al redentor de sus almas. El mismo Juan el Bautista al parecer también estaba algo desconcertado ya que  envió a algunos de sus discípulos a preguntarle: “ ¿ Eres tú aquel que había de venir o esperamos a otro?”. Sin embargo una buena cantidad de personas del pueblo habían comenzado a seguir a Jesús no tan solo para recibir el beneficio inmediato de una sanidad, sino que empezaban a ver en él algo mas y comenzaron a llamarle Rabí (maestro).

jueves, 16 de diciembre de 2010

JESUCRISTO EL REVOLUCIONARIO por Abraham Bereshit

                            CAPITULO  II
     SE DECLARA  LA GUERRA  ESPIRITUAL
                           EN  LA  TIERRA 


Jesús era como de treinta años cuando empezó su ministerio, y aunque era Hijo de Dios, por el momento era solamente un hombre, así que debía ser preparado para la guerra que contra el diablo habría de empezar. Jesús sale de su pueblo- Nazaret- y va al Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista, no   porque Jesús necesitara el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados que predicaba Juan, sino para que recibiera de una manera notoria y pública el Espíritu Santo, ( S.Jn.1:32-34), quien sería el poder que dirigiría todos los pasos de Jesús como siervo de Dios. Después de ser bautizado, Jesús ya no es simplemente un hombre, ahora es un hombre espiritual, lleno del Espíritu Santo. Esta clase de hombre  sería el prototipo o modelo de guerrillero que habrían de seguir todos aquellos hombres que  quisieran participar en esta Revolución Espiritual. El Espíritu Santo sería su guía, su protección, su fuerza y su poder para enfrentar esta lucha.  Los primeros discípulos de Jesús antes de empezar su ministerio como soldados de Cristo, también se les mandó que primero deberían de recibir el poder del Espíritu Santo antes de adentrarse en la lucha. “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8)
“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre” ( Luc. 4: 1-2). Así es como va a  empezar la guerra espiritual en este mundo, con una confrontación cara a cara entre Jesús el hombre lleno del Espíritu Santo y Satanás el tenebroso ser espiritual autor del mal y del pecado. Jesús no va a este enfrentamiento porque así lo quisiera él, es llevado por el Espíritu, no fue de Jesús de donde salió la idea de este en encuentro con el diablo, Jesús ahora está siendo guiado, él como hombre es solamente un precioso instrumento dentro de los Planes Eternos de Dios. Mansa y humildemente obedece la dirección del Espíritu, enseñándonos que toda actividad espiritual que los siervos de Dios ejecuten aquí en la tierra, deberá ser planeada y dirigida por el Espíritu Santo, siendo nosotros los hombres solamente instrumentos en las manos de Dios, como  también lo fue el gran apóstol Pablo, de quién el Señor dijo : “..instrumento escogido me es éste..”( Hch. 9:15). Jesús, pues, va  a este encuentro, para ser tentado por el diablo,  esto es para que sea probada la fortaleza de este nuevo hombre, de este nuevo Adán, que en este encuentro va a medir sus fuerzas contra el Príncipe de este mundo, bajo el poder del cual están sometidos las almas de los hombres que Jesús viene a libertar.
Dios dispone que previamente al encuentro con Satanás, Jesús haga un  ayuno de cuarenta días, a lo que Jesús se somete mansa y humildemente sin preguntar por qué y sin pedir explicación. Esto ya de suyo era una terrible prueba para la condición humana de Jesús, y  cualquiera de nosotros haciendo uso de su propio razonamiento humano podría pensar que este ayuno lo llevaría a un grado tal de debilidad que lo haría una fácil presa para el diablo, pero Jesús no había venido para hacer su voluntad sino la su Padre, y  que si esto era lo que él mandaba, era porque así debería ser y así habría que hacerlo. Cuando llegó la hora de la prueba, vemos a Jesús que en su parte humana ciertamente tiene mucha necesidad de alimento, pero en su parte espiritual está totalmente fortalecido, todos sus sentidos están en una íntima y ferviente comunión con Dios. Como se dice comúnmente,  en ese momento, Jesús estaba como navaja de afeitar. Satanás por su parte ve a Jesús como  un enemigo, como un invasor que ha irrumpido en sus territorios, y sale a campear por sus fueros y  a defender su parcela.
Es en estas condiciones que empieza este memorable encuentro que dejará demostrado que el mal el pecado y Satanás mismo pueden ser vencidos por el hombre, cuando éste camine en la vida lleno del Espíritu Santo. Pasados los cuarenta días de ayuno de Jesús, Satanás se presenta al campo de batalla y  pertrechado con  todo su arsenal de armas de maldad y sabiendo que Jesús ha de tener muchísima hambre, empieza su ataque de tentación con esta maliciosa  sugerencia: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Esta pequeña frase que a primera vista parece muy inocente, encierra todo un mundo de insidia satánica, ya que ataca por una parte a la necesidad física de Jesús y por otra a su orgullo humano al ponerse en duda su paternidad divina, con la pretensión de que Jesús reaccione humanamente y actúe por si mismo cayendo así en la tentación de haber obedecido a la voz del diablo. Jesús no cae en la trampa y haciendo uso de la Escritura inspirada por el Espíritu Santo le contesta a Satanás: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.(Dt.8:3), dejando así establecida su confianza absoluta en la verdad de las Escrituras. Este ha sido el primer raund de éste encuentro y Satanás sabe que lo ha perdido al no lograr que Jesús hiciera uso de su propia voluntad, pero no se da por vencido, volverá a la carga con más rabia por este descalabro.
Satanás lleva a Jesús hasta el pináculo del templo y empieza su segundo ataque y haciendo uso de las Escrituras le dice a Jesús: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra. Satanás ha vuelto a tirar el anzuelo, pero su carnada es falsa. Ciertamente el Salmo 91 contiene grandes promesas, pero éstas no han sido dadas para gente que ande desafiando a Dios para ver si la promesa es verdad o no. Satanás sigue confiando en que Jesús es hombre y que  por lo tanto es propenso al pecado y por esta razón  hiere su orgullo esperando que Jesús haga una temeridad para demostrar la verdad de la promesa. Tal parece que el diablo no ha comprendido aún que Jesús ciertamente si es un hombre, pero un hombre lleno del Espíritu Santo capaz de resistir firmemente sus tentaciones.  Jesús no cae en su trampa, él sabe que el hacerlo sería tentar a Dios dudando de su verdad y de su amor, así que le responde a Satanás haciendo uso de la Palabra de Dios: Escrito esta también: No tentarás al Señor tu Dios.( Dt. 6: 16).  
Este ha sido el segundo raund de este encuentro y Satanás sabe que también lo ha perdido, pero aún así, lleno de soberbia vuelve al ataque y su perversa mente  con una obstinación digna de mejor causa, maquina una nueva trampa. Satanás está enterado de que la venida de Jesús al mundo es para salvar las almas de los hombres de la condenación del pecado, y que para ello deberá pagar el precio del pecado con su propia vida, muriendo en medio de los mas espantosos sufrimientos clavado en una cruz . Basado en esto prepara una tentación mas diabólica que las dos anteriores. Ahora  lleva  a Jesús a un monte alto y le muestra todos los reinos del mundo y toda la gloria de ellos, y con un descaro que solo acusa la obnubilación de una mente enferma por el orgullo y la soberbia, le dice a Jesús: Todo esto te daré si postrado me adorares. Cualquiera persona pudiera pensar que esta propuesta de Satanás era completamente absurda y que el diablo no tenía ni la más remota esperanza de que fuera aceptada por Jesús. Pero Satanás no estaba tan equivocado en su proposición, aún conservaba en su mente el pensamiento de que Jesús siendo hombre podría tener en su carne un punto débil, un punto vulnerable, así que su ataque va dirigido hacia ese instinto de conservación que todo ser humano tiene que lo lleva a protegerse y a evitar todo peligro o sufrimiento o a la muerte misma. Así, pues, lo que en realidad Satanás le es diciendo a Jesús es: Mira, todos los hombres del mundo son míos y viven bajo mi voluntad (2ªTim.2:26), y yo puedo dártelos sin que tengas que pasar todo ese espantoso sufrimiento que te espera, con solo que dobles tu rodilla ante mí, todos serán tuyos y no habrá necesidad que entremos en una guerra que hoy fácilmente podemos evitar. Con todo lo absurda, grotesca y ofensiva que parezca esta propuesta no deja de ser una tentación que la mente de Satanás  espera que  surta el efecto que él desea, ya que en el pasado el diablo había podido comprobar lo que es capaz de hacer en un hombre el sufrimiento corporal. Seguramente el Satanás recordaba  aquella ocasión en que hablando acerca de Job, le dijo a Dios: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida, toca su hueso y su carne y veras si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Y Job habiendo sido tocado con un sufrimiento en su carne había maldecido hasta el día en que nació. (Job.2:4-5). Satanás tenía esperanzas de que Jesús se acobardara ante la perspectiva del dolor y del sufrimiento , pero vana fue su ilusión. Jesús estaba plenamente consiente del precio que tenía que pagar para ser el redentor de los hombres, y no solo no cede ante la tentación sino que con voz de alta autoridad le ordena a Satanás: Vete Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adoraras y a él solo servirás. A Satanás no le queda mas que obedecer la orden de Jesús y se va humillado sabiendo que también perdió el tercer raund.  Jesús, el hombre, queda en la arena de ese desierto como el único vencedor y tal parece que toda la alegría y todo el gozo del cielo se desbordan sobre la tierra y vienen una multitud de ángeles, arcángeles, querubines y serafines a fortalecer y servir al victorioso  redentor de los hombres. La venida de estos ángeles  a la tierra para servir a Jesús después de su victoria, nos deja ver que en el desarrollo de esta lucha  que Jesús ha iniciado, los seres espirituales del cielo también tendrán una participación activa a favor de los hombres que se unan a  la causa de Cristo. (Heb. 1:13-14).
Sin duda muchas enseñanzas se desprenden de este histórico encuentro entre Jesús y Satanás pero quizá las más importantes son:
1º.- Que el mal y el autor del mal no son invencibles, sino que pueden ser vencidos por los  hombres  siempre y cuando se sometan en obediencia a la autoridad de Cristo, así como Jesús lo hizo sujetándose en una obediencia total a la autoridad de su Padre, y vivan una vida guiada por el Espíritu Santo.
2º.- Que la lucha en esta Revolución no es contra los hombres, sino contra seres espirituales del mal. (“ Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”( Ef.6:12).
3º.- Que los hombres que se unan a Cristo en esta Revolución Espiritual, deberán al igual que El, recibir en sus vidas al Espíritu Santo que es el poder para enfrentar y vencer a los seres espirituales del mal. ( “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la Tierra”).(Hch.1:8)
4º.-Que los hombres que se unan a Cristo en su Revolución, deberán llegar a ser expertos conocedores de la Palabra de Dios, que es el arma de ataque y de defensa contra los embates del diablo. ( “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios.”).( Ef.6:17).                               

JESUCRISTO EL REVOLUCIONARIO por Abraham Bereshit

CAPITULO I

Para la inmensa mayoría de la gente, el Cristianismo hoy día, no es mas que otra de las grandes religiones que hay en el mundo, en la que cada una tiene su propia filosofía de la vida, sus creencias, sus tradiciones sus fiestas y su forma particular de concebir y de halagar a su divinidad o sus divinidades. Este es el concepto y la ubicación del Cristianismo en el mundo de hoy: Una religión que al igual que el Budismo o el Islamismo o el Judaísmo, cuentan con adeptos que le son fieles más bien por la costumbre o por la tradición nacional o por la herencia familiar, que por la convicción razonada de sus doctrinas. Pero aunque toda la humanidad vea al Cristianismo como una religión y la conceptúe como tal, ya que sus propios dirigentes le han dado esta fisonomía, la verdad es que según la Biblia, este Cristianismo moderno, dista mucho, pero mucho de parecerse al cristianismo que Jesús de Nazaret, fundó hace poco mas de dos mil años en la tierra de Palestina

La religión que hoy se le llama Cristianismo, no es en realidad el Cristianismo original, sino que es más bien un sincretismo de varias religiones y filosofías que ha dado como resultado un gran abanico de  creencias que resultan “ad-hoc” para el  gusto de cada persona. Por eso vemos que en el cristianismo actual hay  católicos, protestantes, evangélicos, testigos, mormones y mil sectas mas, las cuales  todas se disputan el derecho de ser los portadores de la “verdad” cayendo en un antagonismo canibalesco.  Sin embargo  todos estos cristianos tienen algo en común: que están totalmente ajenos a los propósitos, objetivos métodos y prácticas  que  Jesús estableció para lo que sería no una religión sino un Movimiento Revolucionario de lucha por la liberación del hombre y por la salvación de su alma. Jesús fue muy claro al definir la razón de su venida a este mundo, El nunca dijo que venía a enseñarnos una nueva religión, refiriéndose a si mismo dijo: Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.(Luc.19:10) . Jesús vino a darle continuidad al plan eterno de Dios de la lucha del bien contra el mal, El no  vino a traer paz a la tierra como muchas gentes creen, El vino a traer la guerra, la lucha contra el Príncipe de este Mundo, contra Satanás y contra todas sus huestes espirituales de maldad, para liberar las almas de los hombres que están cautivas bajo  la esclavitud satánica.

         La revolución que Jesús trajo con su venida a este mundo no fue una revolución exterior que modificara el ambiente social o las situaciones económicas o políticas, sino una revolución interior en la vida de los hombres, un   cambio que transformaría al hombre, de ser solamente un animal que nace y que vive  unicamente para sobrevivir y que muere sin pena ni gloria, en un nuevo ser que trascendería de la simple vida material a un plano superior, a una vida espiritual con un propósito definido en la vida y con una perspectiva de trascendencia eterna. Esta es la revolución que Jesús trajo a la vida de los hombres: Un cambio de razón de ser, un cambio de objetivos, un cambio de mente, un cambio de pensamientos, un cambio de costumbres. En fin el propósito de esta revolución es hacer morir al viejo hombre que vive en nosotros y que está viciado en el engaño y las mentiras de Satanás, para que nazca en nosotros un nuevo hombre dotado con la capacidad de poder servir a Dios en sus planes y vivir en una  íntima comunión con El. El apóstol Pablo les escribe a los cristianos de la ciudad de Efeso y les dice: ( Efesios 4:22-24). “ En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad.”   

Jesús, refiriéndose al motivo de su misión, también dijo: No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer  paz sino espada.(Mat.10:34). El Cristianismo de Cristo, el verdadero, no es una religión contemplativa y mística llena de ritos , liturgias, fiestas y cantos, no, el Cristianismo de Cristo es guerra, luchas, batallas, donde hay dolor y lágrimas cuando es uno vencido por el mal, y gozo y alegría en la victoria, cuando el bien triunfa en nuestras vidas, donde hay que vivir en alerta velando y orando por que el enemigo, el diablo, nunca duerme, porque él si sabe que está en guerra y que esta guerra no tiene treguas ni días de descanso.  Este es el cristianismo de Cristo, una vida de tiempos de guerra, en alerta continua. Nos dice la Palabra de Dios: Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.(1ª Ped.5:8). También se nos dice : Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las acechanzas del diablo. Por que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo estar firmes. ( Ef. 6:11-13).      

Jesucristo vino a este mundo a luchar contra el diablo y a liberar a los hombres de su infame señorío al que los tiene sumidos en el pecado. Leemos en 1ª Juan 3: 8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Jesús dejo claramente establecido que todos los hombres que nacen en este mundo son esclavos del pecado sin excepción, y no solo eso sino que también todos los hombres tienen una paternidad satánica que en forma natural los induce al pecado ( S. Juan 8: 31-44 ). En este pasaje del Evangelio de Juan, Jesús deja en claro que ningún hombre tiene la capacidad para poder liberarse por sí mismo de la esclavitud del pecado, ya que Satanás que es el autor del pecado y es un ser espiritual superior al hombre en poder, por lo cual  se hace necesario que venga alguien que sea más poderoso para libertarlo . Leemos en Juan 8: 36. Así que, si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres.

Dios establece que esta lucha por la liberación del hombre sea hecha por un hombre, no por ángeles, ni arcángeles ni querubines, sino por un nuevo Adán que va a venir a este mundo.  Este nuevo Adán es su Divino Hijo que habrá de despojarse de toda su gloria y majestad ( Fil. 2:5-8) y nacer de mujer como nacen los hombres y vivir en este mundo sujeto a toda clase de tentaciones, pero siendo durante toda su vida fortalecido, guiado y protegido por el Espíritu Santo de Dios contra el cual el diablo no tiene ningún poder. Jesús es  Dios pero vino a este mundo como hombre ( dentro del espacio y el tiempo) a iniciar una Revolución, un movimiento de liberación y salvación de las almas que viven en las tinieblas del pecado. Jesús durante su vida en la tierra, vivió una vida santa sin pecado (Heb. 4:15), para poder así representar a toda la raza humana delante de Dios su Padre y pagar con su muerte el precio del pecado de todos los hombres, para que así fuera posible la salvación de las almas de todos aquellos que creyendo que El era su libertador y su salvador vivieran una vida de servicio a su Causa  sujetos a su voluntad obedeciéndole en todo. Aunque el ministerio terrenal de Cristo terminó en la Cruz, el Movimiento Revolucionario que El había iniciado continuaría a través de las edades, liderado por hombres, como aquellos  primeros apóstoles que habiéndole entregado sus vidas fueron hechos nuevos hombres y siguieron sus instrucciones y sus enseñanzas sin cambiar ni modificar los principios y fundamentos que El dejo establecidos.

Satanás sabía que este Movimiento de Liberación del hombre, era el principio del fin de su reino en este mundo y que el proceso que habría de llevarlo a juicio se había puesto en marcha. ( 2ª Ped. 2:-4). Satanás sabía también que Jesús era el Hijo de Dios, pero que por el momento era hombre y que podía ser vulnerable al pecado y a la muerte, así que desde que Jesús nació en Belén buscó la manera de destruirlo incitando a Herodes a llevar a cabo  aquella infame matanza de niños. ( Mat.2:13). Después en varias ocasiones incitó a los judíos a que se volvieran contra Jesús con la intención de matarlo.  (Juan 8:59- Luc.4:29-30). Como todos estos intentos de acabar prematuramente con la vida de Jesús fueron inútiles, Satanás percibe que su reino ha sido invadido y como rebelde consumado que es, no se va a dejar vencer fácilmente y así se dispone a la lucha usando todos sus ejércitos, todas sus armas de engaño y de mentira y de  toda clase de maldades para engañar y confundir a los hombres con el fin de que no le crean a Cristo ni se unan a su causa. ( Ef. 6: 11- 13). Cuando Jesús inició su Movimiento Revolucionario, había vivido en Nazaret con sus padres terrenales José y María y sus hermanos y hermanas, era conocido en su pueblo como cualquier otro hombre y era nombrado como el carpintero. Así pues, en esta condición humana  fue que Jesús empezó la misión que se le había encomendado aquí en la tierra, “Tomando forma de siervo”, sujeto a un amo y señor: su Padre. No haciendo nada por sí mismo, sino que todas sus acciones deberían estar controladas y dirigidas por el Espíritu Santo. El trabajo que Jesús iba a llevar a cabo, era demasiado delicado y peligroso, por lo que debía mantener una comunión constante con su Señor y Padre y en una obediencia absoluta a la guía y dirección del Espíritu Santo. A lo largo de su ministerio terrenal Jesús frecuentemente diría: “No puede el Hijo hacer nada por si mismo”.(S.Juán 5:19). “No puedo yo hacer nada por mi mismo; según oigo así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”( S.Juán 5:30). “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (S.Juán 6:38).

Esta enseñanza  de la sujeción de Cristo-hombre, a la voluntad superior de su Padre, es sin duda la base y fortaleza de todo el Movimiento de Revolución Espiritual que Jesús trajo a la tierra. En la lucha que los hombres seguidores de Jesús habrían de llevar a cabo después de El, este ejemplo de sujeción y de obediencia a la voluntad de Dios sería la regla a seguir, ya que su lucha no era una guerra entre humanos con rifles y cañones, sino una guerra contra espíritus mucho muy superiores a ellos, que usarían no balas de plomo para destruirlos, sino balas de mentiras, de engaños, de orgullo de soberbia y toda clase de sutilezas que están muy por encima de la capacidad del intelecto humano, con las cuales, los engañarían sin que se dieran cuenta, haciéndoles errar el camino hasta nulificarlos completamente, convirtiéndolos de apasionados guerreros, en mansos e inofensivos corderitos sentados cada domingo en la banca de un templo de cualquiera religión, cantando y oyendo a alguien que habla muy bonito, pero que quien sabe lo que dice, y todos felices y contentos creyendo que son fieles soldados de Cristo, pero en tiempo de paz. Esto último no se dice con el propósito de hacer una crítica cruel contra las religiones, se dice porque es la realidad del cristianismo en cualquier país del mundo, en los que no se ve que los cristianos sean la luz del mundo ( Mat.5:14),  ni las antorchas encendidas que resplandecen como luminarias en el mundo, en medio de esta generación maligna y perversa ( Fil. 2:15), donde tampoco se ve que los cristianos sean ejemplos ni de amor, ni de misericordia, ni de bondad, ni de humildad ni mansedumbre. Esta realidad del cristianismo de hoy se debe básicamente a que los cristianos nos olvidamos que la vida cristiana era una Revolución, una guerra, una vida de lucha  guiada por el Espíritu Santo y una vida de contante comunión con Dios, “Por que todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Rom.8:14).