CAPITULO III
EMPIEZA LA REVOLUCIÓN
Después de este memorable encuentro en el desierto, entre Jesús y Satanás, quedo perfectamente claro que Jesús venía a este mundo a invadir un territorio en el cual Satanás era dueño y señor, con el fin de rescatar a los seres humanos que él tiene esclavizados y que viven bajo su voluntad.“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. (Lc.19:10).
La guerra había quedado declarada, el botín eran las almas de los hombres, y claramente había quedado evidenciado que estas almas serían ganadas a sangre y fuego, no había habido acuerdos. Con el mal no hay acuerdos. De aquí en adelante, Jesús iniciará en este mundo un Movimiento Revolucionario de rebelión contra el diablo quién será el adversario no solo de Jesús sino de todos aquellos que se unan a su Movimiento. Jesús luchará por salvar el alma de cada hombre anunciando el Evangelio de la salvación, trayendo a sus vidas la luz y la verdad para que cada uno encuentre el camino hacia Dios, pero no forzará la voluntad de nadie para que tome este camino, cada hombre será responsable de su destino eterno, este mensaje será para el que lo crea y además lo quiera. El llamado de Jesús siempre será: “Si alguno QUIERE venir en pos de mí…”(Mr.8:34). Satanás por su parte luchará por retener las almas de los hombres dentro de su redil, y no dejara que ninguna se le escape. El diablo trabajará pervirtiendo el mensaje de Cristo para crear confusión engañando a las gentes, agregándole al evangelio de Cristo cosas que el Señor nunca mando y que no son verdad, y quitándole las que si son verdaderas. Esta lucha se extenderá y durará a través de los siglos hasta el día que Dios determine el fin de este mundo.
Jesús inicia su Revolución con este mensaje: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Jesús anuncia a todo el mundo que el Reino de los Cielos, que el Reino Espiritual de Dios ha venido a los hombres. Que el Reino viene con El, que El es el Rey y que viene a establecer este Reino aquí en la tierra. Jesús lanza una invitación a todos los hombres que están anhelando un cambio en sus vidas, para que se unan a El y que se hagan participantes y miembros de su Reino. Este Reino Espiritual se va a establecer con los hombres y las mujeres que respondan a su llamado. Con ellos formara su iglesia que es la parte visible de este Reino espiritual que no tendrá templos ni sinagogas, sino solamente hombres que habiendo dedicado sus vidas al servicio de Dios, serán cada uno en si mismos un templo en el que vivirá Dios en Espíritu.
Jesús es un desconocido al iniciar esta Revolución, solo en su pueblo Nazaret es conocido como el carpintero. Jesús sabe que para poder reclutar hombres para su causa, la gente necesita ver en él un líder carismático y poderoso, no solo en la palabra, sino también en los hechos. Jesús sale a la guerra y establece su cuartel en Capernaum una ciudad ubicada a orillas del Mar de Galilea, y lleno del Espíritu Santo comienza a mostrarse a las gentes como un ser enviado del cielo lleno de poder sobre los demonios, sobre los elementos y sobre las enfermedades. Jesús inicia su obra diciendo: “ El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr.1:15). “Y recorrió Jesús toda Galilea enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo, y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos y los sanó. Y lo siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán”. (Mat.4:23-25). La fama de Jesús iba en aumento cada día y muchos se le fueron acercando no solo para ser sanados sino también para ser enseñados por él , convirtiéndose éstos en sus primeros discípulos de entre los cuales mas adelante haría una selección para sacar de entre ellos a los que habrían de ser los Generales de esta Revolución.
El pueblo de Israel vivía esperando al Mesías a ese gran Rey y profeta que había de venir para liberar al pueblo. Pero la expectativa de los judíos era la de un Rey fuerte y poderoso, que en el plano material fuera capaz de derrotar a cualquier ejército, pero nunca imaginaron que ese gran rey y profeta, ese Mesías ese Cristo prometido vendría en el plano espiritual para liberarlos sí, pero no de la esclavitud que estaban sufriendo de parte de los romanos, sino de la esclavitud espiritual que siempre padecieron por parte del mal, del pecado y de Satanás. Por eso es que no pudieron ver en Jesús el cumplimiento de esa promesa, por eso no pudieron ver en Jesús al Redentor de sus almas. Sino por el contrario azuzados por Satanás, levantaron una fuerte campaña de oposición contra Jesús y sus seguidores. Para las clases poderosas que había en Israel en esa época, ( Fariseos y Saduceos), Jesús era una amenaza a su estabilidad. Para los pobres era una esperanza en su desgracia. Pero la Revolución espiritual iba ganando terreno, grandes multitudes seguían a Jesús, la mayoría atraída por sus poderes milagrosos, pero otros pocos si comenzaban a ver en él al Mesías prometido. Los Fariseos cavilaban entre si diciendo: ¿ quien es este hombre?, pues nadie puede hacer las señales que él hace si no está Dios con él. Y los pobres que le seguían también se preguntaban: ¿Qué hombre es éste que los vientos y el mar le obedecen? . Jesús había comenzado la Revolución espiritual en los corazones de las gentes.
La obra que Dios el Padre le había encomendado a su Hijo estaba en progreso, la primera parte se había cumplido, Jesús se había dado a conocer como un ser sumamente poderoso a quién ni los elementos, ni las enfermedades, ni los demonios podían resistirse a la voz de su mandato. El pueblo de Israel lo veía con gran expectación pensando que sin duda era un gran profeta como uno de aquellos que solo conocían en sus libros históricos, ya que en los últimos cuatrocientos años la voz profética no se había escuchado en Israel. Veían a Jesús y lo comparaban quizá con el gran Elías o con Eliseo, pero su incredulidad, aunada a su ignorancia no les permitía ver en Jesús al Cristo esperado, al redentor de sus almas. El mismo Juan el Bautista al parecer también estaba algo desconcertado ya que envió a algunos de sus discípulos a preguntarle: “ ¿ Eres tú aquel que había de venir o esperamos a otro?”. Sin embargo una buena cantidad de personas del pueblo habían comenzado a seguir a Jesús no tan solo para recibir el beneficio inmediato de una sanidad, sino que empezaban a ver en él algo mas y comenzaron a llamarle Rabí (maestro).
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